Destronando el ego
Pasaje base
Evangelio de Juan 3:30
Lectura bíblica
Lectura sugerida: Juan 3:30
Versículo clave:
“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.” - Juan 3:30
Verdad central
El ego quiere dirigir y tomar decisiones ignorando la voluntad de Dios, pero necesitamos reconocer humildemente que Dios es quien puede conducir nuestra vida de la manera más adecuada y sabia.
Reflexión
En nuestro caminar con Dios muchas veces llegamos a un punto donde nos damos cuenta que no estamos logrando lo que nos propusimos en nuestra vida espiritual, y es justo ahí cuando nuestra relación con Dios decae y se vuelve monótona y seca o aun insípida.
Sentimos que no avanzamos y que se nos vuelve tedioso y cansado. El ritmo de la vida no nos invita a hacer un alto en el camino ni a replantearnos el por qué estamos o nos sentimos así.
¿Te ha ocurrido algo similar?
Seguimos solo por inercia o usando el “piloto automático” porque no nos detuvimos, y así puede pasar mucho tiempo. Hasta podríamos pensar que no vale la pena seguir adelante.
Déjame decirte que no solo vale la pena, sino que es Dios mismo quien nos invita a hacer un alto en el camino y replanteárnosla.
Cuando volvemos la mirada a la Escritura y recordamos cómo debe ser el inicio de nuestro caminar, nunca debemos perder de vista la actitud y la sinceridad que debe marcar un inicio o cambio verdaderamente significativo, y me refiero al arrepentimiento.
Es precisamente esa condición de nuestro corazón que recoge lo que la Biblia nos invita constantemente a través de sus hermosas páginas a hacer de manera sincera y genuina: arrepentirnos con todo el corazón y con ello entregar el control de nuestra existencia a Dios.
Históricamente el ser humano tiene internamente el deseo de ser reconocido y recordado. Muchos gobernantes y reyes buscan que sus nombres trasciendan los tiempos por esa ambición de trascender, estableciendo el ego como forma de validar la existencia.
Ahora bien, el ser humano es vacilante y nos puede hacer pasar malos momentos porque es muy fluctuante o cambiante, y nosotros no lo podemos controlar, aunque a veces creemos que lo hacemos.
Es que el centro de nuestra vida está dominado por el corazón, pero no me refiero al órgano que bombea la sangre y que mantiene vivo al organismo, sino al centro de las emociones y decisiones de la vida.
Mientras Dios no sea el que ocupe el trono de nuestra vida, o sea, se siente en el trono de nuestra existencia y comience a gobernar nuestros pensamientos y decisiones, no vamos a llegar muy largo, por no decir que no llegaremos a ninguna parte.
Elías, el profeta, caminó muchísimo huyendo de Jezabel por el desierto hasta que en un momento de quietud este gran profeta se encuentra con Dios, y Él le vuelve a dar sentido a su existencia y lo restaura en su propósito de vida.
Algo parecido ocurre con muchos personajes de la Biblia que necesitaron un tiempo a solas para escuchar la voz de Dios: Jonás, Abraham, Jacob y Pablo el apóstol, solo por citar algunos ejemplos de la intervención y orientación de Dios en cuanto al propósito y misión dada a cada uno de ellos.
Poseemos libre elección en nuestras decisiones, pero llegamos a un punto que hacer las cosas a nuestra manera no siempre es lo mejor, y más cuando Dios desea, con Su sabiduría y amor, conducir nuestra vida hacia su propósito y su plan perfecto.
Dios quiere ser Señor y dueño de nuestra vida, pero nosotros nos rebelamos y hasta nos atrevemos a usurpar el trono de nuestro corazón y sacamos a Dios de este lugar de autoridad.
Cuando hacemos eso, le garantizo que aunque creamos que lo podemos hacer bien, tarde o temprano lo lamentaremos.
Dios es quien debe y quiere estar dirigiendo nuestra vida. Démosle el control y dejemos que Él sea quien esté en el trono de nuestra vida.
Acción práctica
5–10 minutos
Haz un alto delante de Dios y revisa con sinceridad quién está ocupando el trono de tu corazón.
Identifica: escribe una decisión, actitud o área de tu vida donde has estado funcionando en “piloto automático”.
Reconoce: pregúntate si en esa área Dios está gobernando o si tu ego sigue tomando el control.
Entrega: ora con Juan 3:30 y dile al Señor: “Que Tú crezcas en esta área, y que mi voluntad mengüe.”
Preguntas para reflexionar
¿En qué área de tu vida espiritual sientes que te has vuelto monótono, seco o en piloto automático?
¿Qué señales te muestran que tu ego ha estado tomando decisiones por encima de la voluntad de Dios?
¿Por qué crees que nos cuesta tanto dejar que Dios ocupe el trono de nuestra vida?
¿Qué necesitas rendir hoy para que Dios vuelva a gobernar tus pensamientos y decisiones?
¿Qué paso concreto puedes dar para que tu arrepentimiento no sea solo emoción, sino entrega real?
Oración
Señor, reconozco que muchas veces he querido ocupar el lugar que solo te pertenece a Ti. Perdóname por tomar decisiones sin detenerme a escucharte. Perdóname por vivir en piloto automático y por resistirme a cederte el control. Hoy quiero hacer un alto en el camino y volver mi mirada a tu Palabra. Muéstrame dónde mi ego ha querido gobernar mi vida. Que Tú crezcas en mí, Señor, y que yo mengüe. Toma el trono de mi corazón y dirige mis pensamientos, mis deseos y mis decisiones. En el nombre de Jesús. Amén.
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